En la madrugada del 27 de septiembre de 1986, el micro que transportaba a Metallica durante su gira por Suecia sufrió un accidente que derivó en la muerte del bajista Cliff Burton, una tragedia que motorizó un cambio sonoro radical que catapultó a la banda al mainstream en 1988. 30 años después, analizamos cómo pasó.

Cerca de cumplir 25 años, Cliff Burton abandonó el plano terrenal habiendo sido uno de los principales responsables del sonido de Kill ‘em all (1983), Ride the lightning (1984) y Master of puppets (1986). Hablamos de la furiosa y disruptiva tríada inicial de discos que consolidó a Metallica como una de las bandas fundadoras de ese caótico subgénero llamado trash metal, cruza entre heavy metal y punk nacida en los 80 como respuesta al mucho más suave glam metal, caracterizada por la extrema agresividad y la absoluta velocidad en su tempo.

Algunos años antes, disconforme con el rumbo comercial que estaba tomando su banda Trauma, Burton había aceptado la propuesta de James Hetfield y Lars Ulrich de sumarse a su naciente proyecto. Luego de verlo tocar en el Whisky A Go Go de Los Ángeles en 1981, los fundadores de Metallica tardaron poco tiempo en darse cuenta de que Cliff era lo que necesitaba su nueva banda tras la salida de su anterior bajista, Ron McGovney. La profundidad, rapidez y versatilidad de sus fintas junto a su agilidad y potencia en los pedales lo hacían un bajista capaz de adaptarse, superar y liderar sin importar el ecosistema que lo rodease.

Los tres discos mencionados lo tienen como pieza clave, escondido estratégicamente en varios de los riffs de Hetfield –haciéndolos doblemente poderosos y pesados– y brillando como un diamante en temas legendarios de muy elevada complejidad como lo son “For whom the bell tolls”, “Orion”, “Anesthesia (pulling teeth)”, “Master of puppets” y “The call of the Ktulu”. Sin ayuda de los medios ni de las grandes cadenas de televisión (para MTV y las radios eran outsiders), Metallica logró que la crudeza y agresividad de su sonido dejasen de pasar desapercibidos.

Es indudable que los conocimientos musicales que Cliff Burton trajo consigo abrieron un nuevo panorama en Metallica y lograron que los primeros discos fuesen mucho más complejos, por completo pesados y casi imposibles de digerir para la industria. El hecho de que sean discos tan poco amigables –y hoy amados por los fans– explica el nivel de influencia que tenía en el equipo. El salto de calidad era una realidad y los planes del bajista eran complejizar aún más la ecuación sin importar cuánto había crecido la banda en tres intensos años. A pocas semanas de su lanzamiento, Master of puppets logró llegar al séxtuple platino con el solitario empuje de su calidad musical, embarcándose la banda en el muy exitoso Damage Inc. Tour, gira que fue interrumpida de forma abrupta por la tragedia.

Luego del golpe que significó la pérdida de Burton, la estructura creativa de Metallica cambió: la dupla Ulrich-Hetfield tomó las riendas de forma definitiva y comenzaron a moldear su sonido de una manera muy diferente. En palabras de Kirk Hammet: “Estábamos un poco más maduros y un poco más concentrados. Además de que estábamos tocando muy bien. Y de ese deseo por tocar aún mejor, emergió …And justice for all. Así, quedó el camino allanado para la llegada de un disco que generaría un sinfín de debates entre muchos seguidores que durante gran parte de las dos décadas siguientes se sentirían traicionados por una banda demasiado alejada de sus raíces.

Si bien es indudable que …And justice for all es un display arrogante y frontal de una técnica en constante evolución por parte Hetfield, Ulrich y Hammett, también es lo que se denomina una “declaración de principios”: en lugar de ir por el sonido de Burton sin Burton, tomaron un rumbo hacia el metal progresivo. Las canciones son muy largas, en extremo complejas y con letras mucho más cortas y directas. La voz de un rejuvenecido James Hetfield vuelve a aturdir, el golpe de Lars Ulrich alcanza un nivel de violencia superior a lo habitual y la inventiva de Hammett en los riffs y solos llega a uno de los máximos picos de su carrera. La introducción del doble pedal como herramienta central fue otra de las novedades, logrando construir un edificio que no perdió en su totalidad el componente thrashero original, pero que en sus numerosas variaciones de ritmo y tiempo se alejó de la velocidad y agresividad extremas, tomándose un respiro al mejor estilo de la new wave del metal británico.

Clásicos contemporáneos allí presentes como “One”, “Harvester of sorrow”, “The shortest straw” y “…And justice for all” son evidencia concreta del nuevo camino sonoro que empezaban a recorrer. Pero la mayor sorpresa fue, sin lugar a duda, la llamativa ausencia del bajo del recién ingresado Jason Newsted en la mezcla final del disco. Tapado por completo por el volumen de las guitarras y la batería por expreso pedido de Lars Ulrich, la acción abrió nuevos debates internos y externos y dejó flotando la pregunta por cómo habría sonado el disco de haber tenido todos sus elementos alineados.

La crítica especializada recibió al álbum con muchos elogios, siendo el primer producto de la escena under del heavy metal en tener éxito en las listas de su país al alcanzar el sexto puesto del Billboard 200, donde se mantendría por 83 semanas. La certificación de óctuple platino, el novedoso predominio en la programación de las radios locales y el Premio Grammy por el video oficial –el primero en su historia – de “One”, completaron el camino iniciado en 1986 y convirtieron a Metallica en una máquina de hacer dinero.

Claro que ser el conjunto que llevó al heavy metal al mainstream no los eximió de varios momentos de angustia, tensión y graves errores que los enfrentaron con la crítica y muchos de sus fanáticos –siendo la nefasta era de St. Anger (2003) el mascarón de proa– en los años posteriores. Pero todos ellos tuvieron siempre en claro que el éxito no iba a ser por completo satisfactorio y lograron reinventarse varias veces en todo ese tiempo, consiguiendo reencontrarse con la energía presente en aquellos años de furia en su más reciente disco ¿Hubiese sido diferente la situación de no haber fallecido Cliff Burton en aquella madrugada sueca? Muy probablemente sí, pero es una discusión que ya no tiene sentido.

La única realidad –con todo lo bueno y lo malo que arrastró consigo– es que Metallica logró superar una barrera cultural, musical y profesional gigante gracias a …And justice for all. Tres años más tarde, la llegada del que sería el disco más vendido de toda la historia del heavy metal marcaría el inicio de una nueva era en la que ya nada sería lo mismo ni para la industria musical ni para su sinuosa carrera. Una que, al día de hoy, todavía no ha llegado a su techo definitivo, pero que posee un punto de quiebre histórico tan contundente como trágico.