Sería necio negar que Andrés Ciro Martínez es uno de los íconos del rock nacional moderno, cuya popularidad ha generado toda una generación de niños con el nombre Ciro en su honor (hablemos de verdaderos fenómenos: no se ven muchos niños llamados Rolo). Por ende, cada nuevo lanzamiento genera expectativa nacional. Y encima, este venía con suspenso: un lujoso packaging del disco anterior dejaba un espacio vacío para llenar con este volumen 2. Ahora la dinastía de Ciro debe enfrentar los años transcurridos y encontrar la manera de sostenerse o derrumbarse.

Ciro, el grande

Importa mencionar que es difícil emitir una crítica sobre Ciro: se ha ganado el apoyo incondicional de la mayoría del público rockero argentino y posee una fuerte protección por parte de los medios más populares, gracias a que es uno de los pocos artistas de rock que mantiene a flote la industria discográfica mainstream. Parecerá una tontería, pero son datos a tener en cuenta para digerir las líneas que vienen a continuación, en especial en comparación con otros medios.

 

Dolores no llores

Lamentablemente, la primera punta que pudimos ver de este volumen fue debido a un incidente: a Ciro le entraron en la casa y le robaron muchas cosas, entre las cuales se destacó una tostadora. ¿Por qué se destacó? Con los micrófonos de la prensa delante, y guiado por la bronca de a quien le entran a la casa, desbarrancó diciendo que los ladrones debían ser mujeres porque justamente habían robado “cosas de la cocina” y electrodomésticos. Como por suerte estamos en un momento sensible respecto a la discriminación de género, la declaración se volvió viral. Entonces, después de una disculpa a medias vía Twitter, Ciro respondió con creatividad haciendo una canción que respondía “devolveme la tostadora” parodiando (o quizás robando, la línea es muy tenue) a ‘Uptown Funk’ de Mark Ronson y Bruno Mars.
Entonces, la cosa quedó así: como un exabrupto en un momento visceral perdonado a través del silencio en las redes a mediano plazo. Pero como en un terremoto, hubo réplicas.

Después de un video clip bastante boludo dedicado al tema de la tostadora –que podés ver al final de esta reseña-, lleno de chistes fáciles y donde Ciro es castigado por el robo de su propia tostadora mientras los ladrones siguen en libertad (todo escenografiado en un mundo gauchesco, cuyo objetivo pareciera ser representar el ‘folklore’ argentino que lo crucifica brevemente por sus declaraciones), Ciro derrapa otra vez vía Twitter. Cuando una fanática enfurecida por la reprogramación de un recital argumenta con insultos que el nuevo horario no le permite ver el show y tiene que “meterse la entrada en el orto”, él responde que no es así, que debe confundir el horario con la apertura de puertas. Hasta ahí todo bien. Pero, innecesariamente, agrega: “Otra cosa, si te vas a introducir algo en el ano, una entrada no creo que te sirva. Proba con algo más contundente y hasta quizá te cambie el humor. Otro besito” (twiteo que obviamente ya fue borrado).

Después de ambas situaciones, la lupa estará alerta a que este tipo de actitudes se vean plasmadas en las letras, pero el Ciro musical es claramente más hábil que el Ciro real. Por eso, la canción ‘Dale Darling’ gana protagonismo por narrar la historia de una chica golpeada que abandona todo, va a la gran ciudad, pero el pasado la persigue; hasta que un muchacho buena gente se la lleva por las rutas y “la deja” hacer lo que no podía con su anterior pareja. A riesgo de parecer mala leche, dejo esta ambigüedad entre comillas, flotando, para que puedan sacar conclusiones porque es solamente una interpretación… pero también, después de todo, “crea fama y échate a dormir”, ¿No?

Volviendo al desencadenante, el tema de la tostadora queda como ‘bonus track’ al final del disco y realmente desentona con el resto del álbum. Un desperdicio.

 

Un hombre más

El disco encuentra un Ciro dividido en dos personalidades. Por un lado, el que se dedica a ritmos más negros como el funk, rock and roll clásico y trazos de blues a lo Pappo; por el otro, el que se remite a viejas canciones de la última etapa de Los Piojos (que si bien replica en su etapa solista, el corazón dice que pertenece a ese lugar) y baladas adolescentes.

 

Tan dulce como un blues amargo

La faceta “negra” es por lejos la que mejor le sienta, ya que puede sintonizarse en modo fiesta con una banda que suena impecable de punta a punta. Aquí, las temáticas ridículas y adolescentes tienen un buen soporte dentro de ritmos para sacudirse, donde Ciro explota su arsenal de recursos histriónicos cual frontman de rockabilly, emitiendo sus onomatopeyas estilo Jagger y los pequeños rugidos al comenzar las frases. El ejemplo perfecto es en ‘Todos igual’, la canción que debería cerrar el disco, donde su interpretación y la letra lo arrastran prácticamente a la humillación, pero al ser parte del lenguaje musical que llevan adelante, se entiende como juego y se vuelve divertido y agradable. Aquí lo encontramos fresco y cómodo, casi imposible imaginárselo solo en frente de un micrófono, sino arengando con la banda detrás.

 

Simple

Mientras hay joda y fiesta está todo bien, pero cuando Ciro empieza a tomar demasiado en serio su propia obra, hace agua. La segunda faceta (aquella que recuerda a Máquina de sangre) causa, en el fondo, un poco de vergüenza ajena. Más allá del factor nostálgico que pueda tener o bien el público al que pueda estar dirigido, es difícil olvidar que el autor de las canciones tiene 50 años de edad. Está bien: por suerte no tenemos ningún ‘Mírenla’ en Naranja Persa 2, pero escucharlo cantar estribillos que ya compuso mil veces como en ‘Prometeo’, genera cierta incomodidad.
Muchos finales de frase parecen relleno de rima y no realmente parte de una poesía premeditada, volviendo las letras predecibles y con poco ingenio alrededor: no colabora que Juanse aparezca en ‘Simple’, un rocanrol que estribilla “Dale nena, haceme el amor/no conozco un remedio mejor”. Otro ejemplo son los rapeos y narraciones queriendo imitar al ex Calle 13, Residente: simplemente no le da el cuero. Y para colmo las canciones son realmente largas, no por una cuestión numérica de duración sino porque, en esta faceta, se sienten estiradas y de puro relleno, sin mucho para ofrecer después del segundo estribillo. Está bien, a veces lo previsible es parte del juego de la canción universal, pero también puede interpretarse como síntoma de falta de ideas o subestimación de la audiencia.
Nobleza obliga: hay una intención conceptual interesante en ‘Prometeo’ y logran algo especial en ‘Un hombre más’, que se destaca por su letra.

 

Y sonaba Rubén Rada, y me enamoré

¿Ya dijimos que la banda suena impecable? Porque justamente es el gran factor que sostiene a Naranja Persa 2 y el que hace que ciertas actitudes de Ciro desentonen. Esto queda demostrado con la participación de Julieta Rada en ‘Por Cel’, quien suena mucho más acorde con la banda gracias a su perfil “Blacanblus” y, honestamente, deja con ganas de que fuera ella la frontwoman de este disco. Sí, tiene su carrera solista, pero Los Persas le sientan bien.

¿Vale la pena?

Naranja Persa 2 presenta un Ciro cincuentón que demuestra haber alcanzado su techo creativo en las canciones que lo caracterizan y llevaron a la fama -si se lo sigue tomando demasiado en serio, está destinado a perder su lugar entre los grandes. Pero el rayo de esperanza está en que puede divertirse y prestar un servicio de alegría por sobre la profundidad artística, con una base de fans suficiente para asegurarse la vejez, haga lo que haga.
Este puede ser el primer álbum donde se nota tanto el contraste entre estos perfiles de Ciro y quizás el último en que ambos puedan compartir espacio sin matarse mutuamente: ahora tendrá que elegir. El verdadero ganador es Juanchi Baleirón, cuya producción realmente es un punto alto en su currículum habiendo explotado lo mejor de Los Persas.

Recomendados: ‘Un hombre más’, ‘Dulce’, ‘Por cel’
Escuchá el álbum completo:
https://open.spotify.com/album/6ytPnBgVjrw31zBgNRUvo5

Mirá el videoclip de ‘Toaster (Give me back my)’ y sacate las dudas al respecto: