Entre los límites de la música y el teatro, deslumbra Casa Expandida de la compañía escénica El Pulso

En el Centro Cultural Ricardo Rojas algo crece en la oscuridad. Algo nacido de la música y el movimiento, algo nacido del cuerpo contorsionado. Suenan guitarras, se oyen voces, alguien canta (¿recita?), se raspan paredes, explota un tambor y el piso cruje bajo el zapateo arremetido ¿Hacia dónde va toda esa fuerza? ¿Cuál es el verdadero sentido de este viaje?. No son esas las preguntas que hemos de hacernos. O tal vez sí, pero estamos advertidos: nos encontramos ante una obra que abre interrogantes pero no resuelve ninguna. Lo importante no está en el sentido, sino en la capacidad de sentir.

Lamento no ser tan culto como me gustaría en el tema del teatro. Lo digo desde la profunda sinceridad. Pero como amante de la música, entiendo el poder que tienen los sonidos para transmitir fuerza, emociones e ideas. Prácticamente la música puede ser conductor de todo. En ese sentido entiendo a Casa Expandida como una usina energética, capaz de inyectarnos ganas de saltar, pegarle al suelo o salir corriendo, hasta caerse y seguir arrastrándose por el suelo. No es una exageración, es exactamente lo que vemos en escena, cuerpos cargados de acciones que se proyectan de diferentes maneras para sobrevivir a la angustia de un derrumbe, el derrumbe de la casa.

La música emerge como una manera de dar a conocer estas angustias, atravesada por el movimiento. No hay una banda tocando, no es un CD reproduciéndose, son los propios actores los que generan el sonido, golpeando las paredes, gritando, derribando castillos de sillas o entonando con una guitarra desafinada. Casa Expandida no es un musical, tampoco es una simple obra dramática. La definición correcta sería dramaturgia vocal, pero yo me cuestiono el para qué sirven las categorías si no pueden abarcar todo lo que el producto es.

Estamos ante una obra experimental, que tiene la cualidad de alargar esa experimentación al plano de la música. Es una obra que nos hace cuestionarnos, que presenta diferentes focos de acción, múltiples puntos donde depositar la mirada, y a su vez un todo envolvente que no hace más que transmitir sensibilidad. El eje está en la casa, un espacio tan abstracto como real por donde los protagonistas transitan sus penas, se caen, se retuercen e intentan escapar del peso de esta residencia que se descascara. La escenografía nos deja ver eso, la madera predomina en pisos y paredes, nos da una perfecta sensación de crujidos, mientras que la iluminación es un protagonista más y hasta por momentos lo más importante en escena. Queda demostrado el puntilloso cuidado que se ha tenido para generar el imponente ambiente de la obra.

Casa Expandida es una invitación a una nueva experiencia. Para aquellos que quieran dejarse llevar por la emoción, la lírica y los movimientos. Advertidos están los que no se encuentren abiertos a esta forma de teatro. No vengan buscando un argumento demostrativo ni diálogos que resuelvan conflictos porque esta obra órbita otro plano. Ya lo dije al comenzar esta breve reseña, lo que aquí tenemos está diseñado para abrir interrogantes, y dejarlo a uno inestable, cuestionándose. Mi recomendación personal es: piensen, piensen en todo lo que pasa, no a través de la secuencia lógica de las cosas, piénsenlo con los sentidos y el corazón. Y sobre todo, disfruten.

————————————-

Casa Expandida es una obra de la compañía escénica El Pulso, dirigida por Jessica Pinkus e interpretada por Ramón Ferreri, Marianela Linsalata, María Luz Morcillo, Emilio Pappolla, Rosario Varela, Nadia Villanueva. Se presentará todos los viernes de septiembre a las 22hs en el Centro Cultural Rector Ricardo Rojas (C.A.B.A.) con un valor de 80$ la entrada.