En su sexto trabajo, los pornógrafos del rock indie se volvieron pop. Y qué deliciosa puede resultar la contradictoria combinación de los conceptos “indie” y “pop”. Ya en la tapa del álbum se puede leer este antagonismo mediante el título “Brill Bruisers”, brillante y multicolor, en contraste con un fondo gris que lleva el nombre de la banda. ¿Están los New Pornographers intentando despegarse de su pasado? Un poco sí, pero tampoco es para tanto. Sólo buscan dejar atrás el predominio de lo rockero y lo acústico (faceta que halla su cumbre en el aclamado Twin cinema de 2005) con una nueva perspectiva que bien puede servir para (re)descubrirlos.

 

Brill Bruisers estalla desde el principio: guitarras estridentes, coros que gritan con furia el leitmotiv “¡bop-ba, ba-ba-ba, bop!” y la voz furiosa de A.C. Newman son el taladro cerebral sonoro que hace que el tema homónimo sea el primer corte comercial. Luego viene un despliegue musical que abarca un espectro cuya amplitud certifica la experiencia solista de los miembros de la banda. En ‘War on the east coast’ y ‘Born with a sound’, ambas de Daniel Bejar, frontman de Destroyer, emerge un post-punk ochentoso de power chords y guitarras melosas, deudor de Jesus and Mary Chain. El synth-pop encuentra su lugar en ‘Backstairs’ (en la que voces computarizadas denotan, por lo menos, la presencia de Daft Punk) y ‘Spidyr’, mientras que los efectos y ecos de ‘Hi-rise’ nos remiten nada menos que al inolvidable hit de Enya ‘Orinoco flow’.

 

El pop de los noventa atraviesa todo el disco, pero adquiere relevancia en ‘Marching orders’, ‘Another drug deal of the heart’ y ‘Dancehall domine’, donde nos transportamos al futuro en una pieza en la que las voces de las damas del grupo convierten al estribillo en un arma infalible que nos obliga a pasar a la pista de baile. En medio de tantas sacudidas, podemos relajarnos con ‘Wide eyes’ y ‘Champions of red wine’, donde la voz de Neko Case y un sintetizador hipnótico nos devuelven al sillón. El final llega con la integradora ‘You tell me where’, que resume varias de las propuestas del disco y consiste en una explosión de guitarras, sintetizadores, bombos y coros que concluyen en un loop de gemidos sexuales por parte del personal femenino (no olvidar que se llaman “pornógrafos”).

 

El nombre del álbum alude al pop del Brill Building, el mítico edificio de Nueva York en donde se componían/fabricaban los grandes éxitos de los años dorados del rock & roll. ¿Será esta una forma de provocar al público prejuicioso que suele tildar a lo comercial de basura? El pop nos afecta a todos, y Brill Bruisers es una consumada forma de decirlo.

 

Sello: Last Gang (Canadá) / Matador (EEUU)

Duración: 43:01

Destacado: ‘Brill Bruisers’

 


Genero: Power Pop