El viejo y olvidado pero entrañable rock & roll para bailar podría estar de vuelta. Por supuesto que camuflado de destellos modernos, es decir, encubierto entre sonidos que pueden demandar una escucha más concentrada y profunda (y aburrida, si se quiere), pero las huellas están ahí: garage sesentoso y glam setentoso se encuentran esta vez en Black moon spell, el cuarto trabajo de larga duración de King Tuff.

El primer minuto del disco, en el tema que lo titula, anuncia mediante golpes de batería y distorsión que se avecina una oleada de rock duro que nos hará pasar un rato agitando desenfrenadamente la cabeza. De pronto, la voz provocativa, sexual y por momentos femenina de Kyle Thomas aparece y decreta la presencia inconfundible del fantasma de T. Rex, que sobrevolará todo el recorrido y nos invitará a mover también las caderas. Las incendiarias ‘Sick mind’, ‘Demon from hell’ y ‘Black holes’, ninguna superadora de los dos minutos y pico, son tres flechazos que buscan sacudir esos cuerpos inertes de tanta afición al sillón. En la misma línea, ‘Beautiful thing’, ‘Eddie’s song’ y ‘Headbanger’ rascan justo donde pica: liberan al rocanrolero que llevamos en las tripas y hasta poseen el potencial de hacernos (tiemblen, intelectuales) sacar a alguien a bailar.

Sin embargo, en Black moon spell no todo es joda y pasión desmesurada: también hay lugar para la seriedad de la mano de las psicodélicas ‘Rainbow’s run’, ‘Magic mirror’ y ‘Staircase of diamonds’, que se equilibran con una cuota de experimentación y algo de escamoteo lo-fi de las brevísimas ‘Radiation’ y ‘I love you ugly’. ‘Eyes of the muse’ despeja todo tipo de amargura: a través riffs infalibles y una voz que brilla de amor, nos transporta instantáneamente a nuestro verano favorito. ‘Madness’, por su parte, con sus guitarras acuosas, sus coros y sus palmas revela la evidencia más notoria del predominio de un glam rock revisitado que se convierte en el principio unificador del álbum.

Y como en un disco, que no se digiere de una sola vez, podemos volver al principio y sentenciar nuevamente: el viejo y olvidado pero entrañable rock & roll para bailar podría estar de vuelta. Porque las herramientas están ahí, pero el efecto de la música depende del uso que su escucha le otorgue. Black moon spell no será una obra maestra aclamada por la crítica especializada y un punto de inflexión en la historia del rock, pero es una oportunidad para preguntarse por qué no dejamos de buscar compulsivamente esas joyas de museo. Se trata de un disco que puede obligarnos a dejar de usar la cabeza y darle trabajo al resto del cuerpo. Se trata de un disco divertido.

 

Duración: 41:00

Sello: Sub Pop Records

Destacado: ‘Eddie’s song’


Genero: Glam Rock