Is-This-The-Life-We-Really-WantLos seguidores de Pink Floyd se dividen según el favoritismo por los integrantes de su Santa Trinidad, ya que cada uno de ellos ha llevado el timón creativo en algún momento tiñendo a la banda con su estilo: Syd Barret (el menos popular pero con mas mística), David Gilmour (probablemente el de carrera solista más sólida) y Roger Waters, el más mediático y teatral de ellos. En la antagonía Gilmour-Waters es el primero quien suele -después de una dura discusión- llevarse los laureles en cuanto a talento musical, tanto de ejecución como creativo. Pero en términos conceptuales, no hay duda que Waters es campeón por paliza. Este es el triunfo que, después de 25 años sin editar un trabajo solista, el ex-bajista de Floyd exhibe en su nuevo álbum en la era anti-Trump.

 

 

 

No Surprises
Musicalmente es lo que uno esperaría de Waters solista, e incluso del Waters a cargo de Floyd; la verdadera sorpresa radica en lo poco pretencioso de la orquestación y composición. Canciones suaves con pequeños matices oscuros y un sentido muy claro de la oportunidad a la hora de agregar o quitar los instrumentos son el hilo conductor del álbum, donde la mano de Nigel Godrich en producción sin duda colaboró con la sutileza de los arreglos. La voz de Roger siempre está al borde de la narración, con algún que otro momento intenso y otros de sincera interpretación. Para ser honesto, debe ser de las interpretaciones menos plásticas en su haber.

A propósito, ¿cuál de ustedes es Pink?
Pero, sí: es el álbum de un hombre grande. No necesitamos saber que tiene 75 años, escuchar su voz (que parece más joven, sin embargo) o saber de qué habla el disco para darnos cuenta de que está hecho por alguien más cerca del abuelazgo que otra cosa. Esto viene a colación por dos motivos: el primero, que tiene los cliché propios de estos trabajos, donde nada satura, la batería suele ser pareja y blanda, y en términos generales se reduce todo a un hombre y su guitarra para producir alrededor de ello. Por el otro (y no menos importante) puede causar alguna congoja al fanático, ya que toparse con un sonido que lleva a sacar cuentas de su edad entre tanta muerte de rockero clásico, bueno… Le da otro sabor a la escucha, una nostalgia anticipada

Al que quiera celeste…
El principal inconveniente ocurre como con casi todas las obras de Waters: quien no sepa inglés se queda a mitad de camino. No solo por el por el crucial contenido de las letras sino porque se trata de una obra conceptual que habla del “hoy día” en el mundo -si bien, hasta ahora, todas sus obras parecen hablar casi siempre de hoy día. Por lo tanto, para disfrutarlo al 100% es obligatorio traducir, investigar y meditar al respecto. Esto no es algo malo: es un inconveniente, una condición más para intentar disfrutar plenamente del disco; y al existir la barrera del idioma, puede que no todos lleguen a eso -no al menos de primera escucha, como está pensado para ser absorbido. De todas maneras, exige mucho menos trabajo que obras anteriores y el resultado se ve beneficiado por ello.

waters

¿Vale la pena?
Aquellos que no sean fanáticos de Waters o mínimamente simpatizantes de su etapa de liderazgo en Pink Floyd pueden llevarse un chasco. Sin muchas sorpresas, el disco es parejo de principio a fin, requiere trabajo y la necesidad de construir una atmósfera adecuada para poder dejarse llevar -nada de escucharlo en el tren, y cuantas menos luces haya mejor. Lo que es probablemente el trabajo más fácil de asimilar de su carrera puede dejar sinsabores al que no haga la tarea para entenderlo. Pero Waters sí entiende claramente como funciona todo, y sabe que su ejército de acólitos de todas las edades alrededor del mundo están dispuestos a escucharlo diga lo que diga. Para ellos es este disco.

Recomendados: Smell The Roses, Picture That, Broken Bones
Escuchá el disco entero aquí:

Mirá como se grababa el disco:

Texto: Julián Melone

Corrección: Belén de la Paz Sobral


Genero: Indie, Rock, Rock Progresivo