En medio de tanta barba frondosa y camisa leñadora, no puede venir mal un poco del ya clásico rock pelilargo y de rostro lampiño que sólo las islas británicas pueden ofrecernos. Y ahora que los engominados Arctic Monkeys parecen haberse vuelto americanos, ¿los ingleses  necesitan nuevos héroes?

The Balcony, el debut de Catfish and the Bottlemen, fue producido por Jim Abbiss, cuyas manos también estuvieron detrás de Whatever people say I am, that’s what I’m not, el primer trabajo de los favoritos de Sheffield. Ocho años después de aquel hito, aparecen en escena estos oriundos de Gales con una propuesta que, lejos de ser un aporte revolucionario, consiste más bien en seguir adelante con el deber de darle forma a eso que se podría llamar rock británico. Tan es así que parecen haber seguido una receta: la banda está compuesta por cuatro miembros cuyos roles integran el tradicional combo de guitarra rítmica, bajo, batería y guitarra líder. Nada más se escucha en los 37 minutos del álbum. De hecho, se los nota tan obsesionados con el ahorro de recursos que el nombre de ningún tema supera una palabra.

La principal artillería es echada al principio, con cinco de los seis cortes comerciales como primera parte del disco: nos recibe ‘Homesick’ con unos segundos iniciales relajados, hasta que un estribillo explosivo libera la energía hormonal que se mantendrá hasta el final del trayecto. ‘Kathleen’ es la prueba irrefutable de que siguen al pie de la letra la última edición revisada y aumentada del manual de la banda de rock, en cuyas páginas se establece, entre otras reglas, que siempre debe haber un tema con nombre de mujer. Así, nada en The Balcony “está de más”: once canciones lo suficientemente distintas entre sí como para no caer en la maldición del autoplagio, pero similares como para lograr cierta cohesión (excepto por ‘Hourglass’, en la que se animan a llevar la distorsión a cero para darnos un descanso a mitad de camino). Los solos de Johnny Bond son de bajo perfil, correctos, cortos y siempre listos para fundirse en un todo con la voz de Van McCann, los tambores del baterista Bob Hall y un despliegue de coros que termina de sellar la identidad del grupo.

Catfish and the Bottlemen merce una oportunidad. Si bien es recomendable disfrutar el momento sin posar la mirada en el porvenir, resulta irresistible pensar que la contribución de la banda al mundo del rock no sólo está en The Balcony sino también en sus sucesores.  Esperemos, entonces, que no se caigan del balcón.

 

Sello: Island/Communion Records

Duración: 37:17

Destacado: ‘Pacifier’


Genero: Britrock