Blur_MagicWhip_2015¿En qué se convirtió el britpop? Esa es la pregunta que no hay que hacerse. La generación que creció en los noventa enfrenta hoy la situación de que muchos de los objetos culturales de su adolescencia, que parecían actuales, de golpe cumplieron veinte años. Fueron dos décadas en las que nunca dejaron de sonar ‘Supersonic’, ‘Disco 2000’ o ‘Country house’ y se cristalizaron ciertos planteos infantiles como que Oasis es malo y Blur es bueno porque los primeros plagian sus propios temas mientras que Damon Albarn es un genio que no se cansa de innovar. Y si 1995 fue una cosa y 2015 es otra, el britpop es una cosa y The magic whip es otra.

‘Lonesome street’, que con sus acordes iniciales marca Coxon no necesita que aparezca la voz para reconocer que esto es Blur, es solo una carnada. Esa explosión guitarrera del principio vuelve con ‘I broadcast’ y ‘Go out’, pero luego todo se vuelve raro. En ‘Ice cream man’ y ‘Thought I was a spaceman’, elementos “inhumanos” como sintetizadores de otro planeta o beats electrónicos se encuentran con rasgueos acústicos: lo artificial y lo natural se combinan en un sonido que si es chocante al oído, cumple su objetivo, pues detrás de eso está Albarn insistiendo con el dualismo hombre-máquina desde su trabajo solista del año pasado, Everyday robots.

Otra característica que el cantante parece arrastrar de su disco es una impronta desganada, melancólica y siniestra, presente en todo el álbum pero principalmente en ‘New world towers’, ‘Pyongyang’, ‘My Terracotta heart’ y ‘There are too many of us’, cantada sobre unos redobles de marcha que elevan el bajón a la enésima potencia. La única pizca de pop capaz de ser bailada por una cajita de leche con cara es ‘Ong ong’, que en la lista brilla por contraste y te dibuja una sonrisa seguro.

Al frontman de Blur, la prensa especializada le festeja todo lo que hace y eso genera sospechas, es cierto, pero si algo nos ha enseñado este niño mimado es que se puede hacer y, sobre todo, ser otra cosa. De ahí afloran dos sentencias. La primera es que si los Gallagher no siguieron ese ejemplo, eso no tiene nada que ver con el par bueno/malo; y la segunda, que el britpop fue, como muchos otros, un fenómeno enmarcado temporalmente. No es justo para los nuevos que, bajo ese maldito afán clasificatorio, se los someta a las reglas del pasado. El britpop se convirtió en historia.

 

Sello: Parlophone

Duración: 51’

Destacado: ‘Ice cream man’


Genero: Rock experimental