Como cada vez que se desata la polémica en los medios por algún suceso en particular, salen desde las cloacas mismas de la sociedad -cual zombies come-cerebros- verborrágicos ostentando sus títulos de Opinólogo Social. En las siguientes líneas te contamos qué dicen y por qué.

Todos a esta altura sabrán acerca de los dos videos que se dieron a conocer el fin de semana, los cuales tienen como protagonistas a Rocío y Mailen, víctimas de abusos sexuales cometidos por José Miguel del Popolo, vocalista de La Ola Que Quería Ser Chau. En estos cortos, las jóvenes declaran y dan un crudo testimonio –no acusan, como afirman los títulos de todos los medios- de los terribles hechos de acoso y violencia (sexual/física/psíquica/emocional) de los cuales fueron lamentables protagonistas.  Este suceso, si bien movilizador de por sí, parece haber desencadenado un efecto dominó sorpresivo, pero necesario. A través de este, decenas de mujeres comenzaron a contar, por redes sociales, abusos llevados a cabo por varios músicos de la escena rock nacional, con especial hincapié en las decenas de casos en contra de Cristian Aldana, cantante de El Otro Yo, por abusos a menores de edad.

A continuación, realizamos una pequeña descripción de los personajes expertólogos que abundan en estas circunstancias y de paso, quién sabe, quizá les vamos aclarando un poco el panorama.

Los opinólogos que exigen: “No culpabilicen al rock”, en vez de apoyar o preocuparse por las víctimas.

Sí, parece que hay más empatía por un género musical que por otro ser humano. Esto se ve mucho en el grupo de facebook armado recientemente “Basta de abusadores y violadores en el rock”, donde un buen porcentaje de las publicaciones, lejos de ser apoyo a Rocío y Mailen, recriminan el hecho de que el título del mismo haga referencia al rock de manera estigmatizante.

Sin desmerecer esta apreciación, y coincidiendo totalmente en que no solo en el rock suceden estas cosas, sino que el abuso de poder tiene lugar en bandas e intérpretes de todos los géneros musicales -podemos hacer mención desde Michael Jackson hasta DJ Memo de los Wachiturros-, la realidad es que poniendo al rock por encima de la problemática lo único que se hace es taparla. Si bien toda la lógica del “macho” rockero parecería legitimar estas conductas criminales, es interesante ver que aún con todas las pruebas sobre la mesa, lejos de criticar al/los musico/s, se lo/s defienda. Capaz no haya que atacar o exculpar al rock, sino re-pensarlo, criticarlo y refundarlo en una lógica en la cual el ser famosos no autorice a las estrellas a poder aprovecharse de su condición, y que todos podamos disfrutar del género de la manera más sana posible.

Los opinólogos que declaran: “Si tuviésemos que condenar a todos los músicos violadores y pedófilos nos quedamos sin música”.

Bué.

De los creadores del famoso “roba pero algo hace”, primos hermanos de los que miran para otro lado en el caso de los Panamá Papers, aparecen estos desagradables conformistas. Como sea, esta especie particular de zombie-resignado de la vida es cómplice directa de los delitos mencionados. Este tipo de gente es la que prefiere hacer callar a las víctimas para tranquilizar su mente, para no tener que cambiar su perspectiva ni nada que lo haga salir de su zona de confort, y al hacerlo protege a quien abusa. Aun así, es necesario reflexionar sobre esta afirmación y en qué es lo que posibilita que suceda. Claramente no es algo implícito en el rock –ni en ningún género musical- ya que, creo que todos coincidirán conmigo, no es cuestión de que te den una guitarra eléctrica y automáticamente andes teniendo relaciones sexuales con personas sin tener su consentimiento. La problemática frente a la que nos hallamos tiene que ver con el poder.

Las violaciones se efectúan enmarcadas en relaciones donde -por algún motivo u otro- hay una asimetría de poder: es decir que el acosador puede subordinar a la víctima por tener la posibilidad de ejercer su poderío–sea este mayor fuerza física, una jerarquía social/laboral más elevada, etc.- sobre ella. Es abuso sexual siempre que no haya consentimiento de todas las partes que conformen el encuentro sexual. Si una persona está dormida, alcoholizada/drogada, es una violación; más allá de que lo es siempre que se pase por encima de un no.

En base a esto nos queda pensar, ¿qué otorga el mundo de la música que posibilita a los artistas hacer lo que se les dé la gana? ¿No será que, justamente, lo que les permite salir impunes de todos los crímenes que cometen –y que se callan a vivas voces- es el apoyo de los consumidores de su producto? Ojo, porque capaz nos damos cuenta de que somos todos cómplices de los delitos que sabemos tuvieron lugar y, por hacernos los boludos, terminamos siendo un poco hijos de yuta.

El clásico de siempre: “Las minitas ya saben a qué se exponen si -inserte aquí el motivo facho más acorde a la situación: van a la casa de un tipo/ se quedan a dormir en lo de un tipo/ andan con un rockerito/ etc.-“

Por suerte, vamos percibiendo que este tipo de zombie-justificador va menguando en cantidad; el problema es que los medios no estarían siendo, justamente, los que colaboran para que esto ocurra. Ya es usual ver, cada vez que una mujer es abusada, cómo decenas de opinólogos circulan por otras decenas de programas juzgando cómo estas estaban vestidas, qué estaban haciendo, por dónde andaban, qué hacían con sus vidas, etc. Recientemente pudimos apreciar este mecanismo mediático refiriéndose a los jóvenes fallecidos en la Time Warp; en este caso se cuestionó a raja tabla a las víctimas de desidia humana, muertas bajo la anuencia del gobierno municipal y de la empresa organizadora, los cuales lucran volviendo adictos a los pibes y, cando los matan, se justifican a través de la prensa culpabilizando a los difuntos. Esto no es nuevo, muchachos, ya pasó –pasa- con Cromagnon.

Asímismo, hay que pensar que si ya de por sí es difícil manejar situaciones en las que uno se siente violentado y realizar todo el trabajo emocional que conlleva discernir un abuso, más aún lo es cuando tu victimario es una persona que admirás, lo cual llega a confundir al daminificado hasta no dejar reconocer en su ídolo –o una persona conocida y estimada por todos- a un abusador.

Más allá de eso, para hacer de esto algo más gráfico, les dejamos este pequeño pero simpático video que explica qué es el consentimiento en dos minutos.

Con todo lo mencionado anteriormente, cabe destacar que nuestra intención no es criticar gente, sino juzgar nuestros modos cómodos de pensar. Siempre tenemos los prejuicios a flor de piel, por eso creemos que es necesario reflexionar críticamente lo que pensamos antes de transmitirlo; ¿Por qué? Porque podemos herir a personas sino lo hacemos.

El rock es más que un género musical, es cultura, y somos muchos los que, de una forma u otra, la constituimos: siendo músicos, yendo a recitales, comprando un disco, escribiendo acerca de ella. Y, como es nuestro mundo, hay que cuidarlo. Lo mejor que podemos hacer para que así sea es tratando de que, dentro este palo –y en todas las esferas en las que nos movamos, claro está-, nos manejemos con las reglas más igualitarias posibles. Hay que cuestionar, analizar, opinar… pero siempre respetando al otro, cuidándolo.

¿A los criminales? Condenarlos. Repudiarlos. No pueden ensuciar al rock. Por eso, desde ROCKOMOTORA apoyamos totalmente a Rocío, Mailen y a todas las valientes que están animándose a declarar lo que el statu quo de esta sociedad  les obligó a callar. Despreciamos y condenamos a José Miguel del Popolo y a todos los músicos que, abusando de su lugar de ídolos, usaron a seres humanos –muchas veces fans- como si fuesen cosas. Sí, defendemos al rock, pero nunca a quienes lo usan como medio para torturar a nadie.