El mundo habla de la salida de Tranquility Base Hotel and Casino: incluso aquellos que no escuchan a la banda (y no planean hacerlo) quieren saber de qué trata este nuevo álbum y qué dice el mundo de él. Pocas bandas gozan de tal expectativa hoy día, y menos en el mundo del rock, demostrando que los Arctic Monkeys son un engranaje importantísimo de la máquina que hace rodar al género. Y para colmo, el resultado da que hablar. Así que ajusten sus auriculares, porque vamos a entrar en el que promete ser el lanzamiento más importante del año.

Foto: Michael Zackery

Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not

Antes que nada, hay que recordar cuánto han cambiado los Arctic Monkeys a lo largo de una carrera que no llega a 15 años desde su debut. Su disco anterior, AM (2013), tuvo la “suerte” de ser excelente, pero estaba a millas de Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not (2006), incluso en la estética adoptada; y a menos distancia de su trabajo anterior Humbug (2009), pero con diferencias notables. Sin embargo, la huella digital de la banda siempre estuvo presente en la deformación progresiva de su inquietud musical, uno de los tantos factores con los que se ganaron el apoyo de un público masivo.
Entonces, si a esta tendencia le sumamos 5 años de hiato en estudio, deberíamos saber de antemano que Tranquility… es una caja de Pandora.

 

The Plastic Turner Band

Por suerte para los reseñadores, antes del lanzamiento del álbum se filtró que el disco fue compuesto prácticamente en su totalidad por el cantante de la banda Alex Turner, y que, así como lo armó, lo llevó para grabar. Y digo suerte porque nos ofrece una respuesta rápida al cambio radical de orquestación que Tranquility… presenta.

Sucede que Turner decidió que debía ser el piano quien dirija sus composiciones esta vez, subordinando la guitarra a un tercer plano. Este cambio de roles deja de lado el habitual protagonismo de los riffs de Jamie Cook y la pesada batería de Matt Helders para que, desde el banco de suplentes, tome la posta el bajista Nick O’Malley; de esta forma, se pone el disco al hombro cumpliendo un rol clave con un estilo de bases que apenas había sugerido en el disco anterior (¿serán realmente suyas o parte del universo Turner? Mmmm…) y dando las pinceladas sonoras restantes para una estética sesentera.
Helders, es a veces reemplazado por synths, pero como se ha empezado a construir un robusto nombre en el mundo de la música, en parte gracias a su participación en el supergrupo que fue -o es- Post Pop Depression, se entendería una actitud pasiva frente a este concepto de álbum y roles.

Y como estamos acostumbrados a luchas de ego en el mundo del rock, todo nos llevaría a pensar que el pase de Cook de pieza fundamental a tercer acompañamiento porque el cantante viene con una carrera que no parece depender de la banda, se traduciría en una incomodísima tensión interna. Sin embargo, confiesa haber sido reacio en un inicio ya que le sonaba a un disco solista de Turner, pero luego le pareció que era el camino correcto para la banda. Se las ingenió para ser el corazón de una de las mejores canciones, ‘One Point Perspective’; y en los pocos testimonios en vivo (hasta el momento) del nuevo repertorio, no se lo ve incómodo: incluso reemplaza partes de piano con su guitarra sin comprometer las canciones. El tiempo dirá cuán así es realmente, pero no pareciera haber conflictos.

 

Post AM Depression

Sin embargo, los oyentes bien podríamos aprender de Cook, ya que el primer insulto que recibe la placa es que “no suena a los Arctic Monkeys”. Retomando el primer ítem, los Arctic suenan a lo que sean en el momento que suenan, y aun así… ¡Sí suena a los Arctic Monkeys!

El forobardo y alguna que otra reseña comparó erróneamente a Tranquility… con la banda Last Shadow Puppets por el simple motivo de ser un proyecto de Turner sin prevalencia de guitarras. Como Last Shadow suena distinto a Arctic, aquí los Artcics no abandonan su propio lenguaje. Es más, no resulta exagerado decir que las canciones ‘No. 1 Party Anthem’, ‘Mad Sounds’ y ‘I Wanna Be Yours’ de su disco anterior eran un anticipo de lo que venía. Asimismo, Tranquility… tiene más en común con Post Pop Depression que con los proyectos paralelos de Turner, pero nadie sale a defenestrar a Helders. Mucha gente ofendida por un buen disco: cada vez da más ganas de escucharlo, ¿no?

 

—Intermedio—

Si escuchaste la versión que se filtró antes del lanzamiento oficial, tené en cuenta que la oficial presenta una diferencia sustancial en términos de audio en comparación con lo filtrada. Incluso la filtración está pitcheada en varias canciones, cambiando la afinación. En un disco tan ambiental, hace la diferencia.

 

Morrison Hotel and Casino

Gracias a un título muy gráfico (“Tranquility Base” es el nombre que se le dio a la zona donde alunizó el Apolo 11), podemos anticipar lo que viene. Condimentado con el espíritu de Lennon solista y con aroma a los últimos tiempos de los Doors, el álbum avanza flotando lentamente a través de paisajes oscuros y siniestros, como navegando en la intriga constante.
El liderazgo del piano altera la base sonora habitual de la banda, pero los Arctic siguen ahí, solo que con menos decibeles e información mientras el beat coquetea con el r&b y el soul y la guitarra distorsiona fortaleciendo la idea retro. Recurrir a un lounge minimalista les permite explotar el juego de roles y esforzar héroes anónimos hasta el momento, como son las melodías y la interpretación vocal, elegantes y profundas. Apuestan al clima por sobre la intensidad, pero sigue siendo un asunto de energía.

 

“Solo quería ser uno de los Strokes”

Esta aura íntima tiene un motivo además de que a Turner le hayan regalado un piano para su cumpleaños, y radica en la importancia que les dieron a las letras. En gran parte autorreferenciales a un yo real y uno ficticio: el personaje narrador alcanza una madurez sarcástica y opina sobre la realidad que lo rodea y cómo se ve a sí mismo en ella. Incluso sin saber nada de inglés, es importante entender que en la modificación musical se abrieron espacios para dar lugar a un peso poético que probablemente se hubiera llevado mal con la orquestación de ‘Brianstorm’.

Foto: Michael Zackery

¿Vale la pena?

La verdad es que es un álbum sólido construido por buenas canciones que tiene que soportar el peso de la expectativa internacional y lo logra sonando fresco.

Ya hemos dejado en claro que los ofendidos no pueden decir que los tomó por sorpresa porque la banda venía demostrando progresivamente su interés por tener un público que escuche por sobre uno que haga pogo. Mientras los fans históricos lo tildarán de aburrido y convencional, aquellos a quienes les molestaba la ferocidad de los Arctic saldrán con que es la mejor placa de su carrera. Tampoco la pavada: ni uno ni otro.

Apagá la luz y déjate cobijar por la oscuridad de Tranquility: que las ganas de romper todo no te hagan perder esta chance de experimentar una banda original que demuestra que no teme a nada y que, citando ‘Batphone’, “venden el hecho de que no pueden ser comprados”.
Los discos anteriores siempre van a estar ahí para que los escuches, pero esto está pasando ahora.

 

Recomendados: One Point Perspective, Batphone, Tranquility Base Hotel and Casino
Escuchá el disco completo aqui:

Mirá el videoclip de ‘Four Out Of Five’: