Esta Navidad se cumplen exactamente 50 años del estreno del film Magical mystery tour, que salió a la luz unos días después del discazo homónimo, sucesor de Sgt. Pepper’s. Hoy, Kleiman evoca el contexto lisérgico, colorido y surreal en el que aparecieron estas obras maestras para concluir que, definitivamente, el mundo que los Beatles imaginaron, era mejor.

Los Beatles en 1967. La sola mención del grupo y el año, ubicado en un pasado tan cercano como lejano (dependiendo de cómo, y desde donde, se lo mire) ubicado a 50 de éste 2017 que está llegando a su fin, evoca imágenes de esplendor. El año del Verano del Amor, del Sargento Pepper, de Monterey Pop. El año en el que la contracultura asociada a la música rock permeaba la conciencia global en todos los niveles y parecía una ola de empuje arrollador y crecimiento imparable.

Por Latinoamérica, las emociones venían más mezcladas, pero aun así se vivía un clima esperanzado y un auge de creatividad, fogoneado en buena medida por las andanzas de los Fab Four y el intenso movimiento que lideraban a ambos lados del Atlántico. 1967 es el año del asesinato del Che en Bolivia, y muchos países de la región –incluido el nuestro– vivían bajo dictaduras. Pero a pesar de ese clima represivo, es también cuando se edita “La Balsa” por Los Gatos, una canción que anunciaba –en la forma de un hit tan contagioso que las radios no pudieron evitarlo–, la existencia de una nueva música, una nueva estética y una nueva forma de ver el mundo, que estallaba como burbujas multicolores en distintos puntos del planeta.

El 1967 de los Beatles fue increíble. Aún para sus propios estándares, ya de por sí asombrosos. Comenzaron editando el single (con dos caras A) “Strawberry Fields Forever” y “Penny Lane” en febrero, y en junio lanzaron el álbum Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, del cual no es objeto de esta nota entrar en detalles, pero alcanza con decir que revolucionó la música en todos los sentidos. En ese mismo mes de junio, el 25 para ser más exactos, adelantaron “All you need is love” en lo que sería la primera transmisión global de televisión vía satélite, durante el programa Our World, visto por una audiencia estimada en 350 millones de personas. El sencillo se editó en julio (¡cinco semanas después de la salida de Sgt. Pepper’s!), con el tema “Baby you´re a rich man” en su lado B, convirtiéndose en una de las canciones que epitomizan más claramente el “Summer of Love” y lo que se conoció como “flower power”.

En agosto viajaron a Bangor, India para lo que se suponía que sería un curso de meditación trascendental con el Maharishi Mahesh Yogi, pero tan sólo dos días después se enteraron de la muerte de su manager Brian Epstein a causa de una sobredosis de barbitúricos (nunca quedó del todo claro si fue accidental o un suicidio). En noviembre lanzaron un nuevo corte con “Hello Goodbye”, que contenía en su cara B el tema “I am the Walrus”, que anticipaba, ahora sí, Magical mystery tour, lanzado ese mismo mes. En el interín, habían escrito (aunque ideado sería una palabra más adecuada, ya que nunca hubo un guión propiamente dicho), dirigido, editado y producido el film del mismo nombre, una película de casi una hora de duración que fue estrenada por la BBC TV en la Navidad de 1967, hace exactamente 50 años.

También durante diciembre, anunciaron el lanzamiento de su propio sello grabador, Apple Records, parte de la empresa Apple Corps., que además incluía otras divisiones, como Editorial, Películas, Electrónica, Estudio y la famosa boutique Apple, con lo más refinado de lo que ahora denominaríamos hippie chic.

La sola enunciación de los hechos deja sin aliento. En ese momento, los cuatro muchachos de Liverpool estaban liderando el mundo y lo sabían. La cantidad y la calidad de música producida durante ese breve período –las ideas, innovaciones técnicas, ambición artística, expansión conceptual– no tiene precedentes, ni tampoco sucesores. Claro que poco después pagarían el precio de tanto esplendor –el mundo seguía siendo el mismo, después de todo– y comenzarían un viaje hacia la oscuridad que culminaría con su separación, solo 27 meses más tarde.

Pero por ahora estamos en 1967. Los Beatles editaban Magical mystery tour en el Reino Unido en el novedoso formato de un disco doble que traía dos singles con 3 canciones cada uno, y un cuadernillo en el medio con fotos, letras y un cómic que contaba la historia de la película. Fue la ingeniosa forma que encontraron para editar los seis temas nuevos del film (demasiados para un single o EP, pocos para un LP), a la vez que seguir experimentando con los formatos, algo que a los Beatles les encantaba. No olvidemos que Sgt. Pepper’s fue el primer álbum con tapa doble, y también el primero en incluir las letras de las canciones. Los yanquis, siempre más prácticos, determinaron que ese formato no era viable comercialmente y decidieron editar un LP con 11 temas, incluyendo además los singles mencionados anteriormente, que no estaban incluidos en ningún álbum. La idea fue tan buena que a partir de 1976 los ingleses adoptarían también ese formato para ese disco, lo que continuó durante la era del CD.

En Navidad, los Beatles estaban en el número 1 del ránking inglés con “Hello Goodbye”, y en el número 2 con Magical mystery tour. Si pensamos que “I am the walrus” estaba en el lado B del single, y también en el álbum, la misma canción ocupaba los números 1 y 2 del chart, algo que solo los Beatles podían conseguir. Sin embargo, cuando se estrenó la película, la prensa se les vino encima sin contemplaciones. Era la primera vez que eran objeto de semejante criticismo, cuando hasta ese momento habían sido  adorados en forma casi unánime.

Quizás faltaba el cable a tierra que representaba para ellos la influencia de Epstein. Magical mystery tour era una visión casi sin filtros de la mente de los Beatles en plena expansión psicodélica, como una continuación de Sgt. Pepper’s pero incluyendo también el aspecto visual. De hecho, el proyecto había sido acelerado por la muerte de Epstein. Paul decidió que la mejor forma de superar ese trance, para él y sus compañeros, era ponerse a trabajar a toda máquina en un nuevo proyecto que resultaría en el álbum y film, concebido como un tributo a su fallecido manager.

La falta de un guión propiamente dicho, de un desarrollo argumental lineal, provocó la incomprensión de muchos, pero con el tiempo sería comparado con experimentos en el mismo sentido de cineastas reverenciados como Luis Buñuel y Jean-Luc Godard. De hecho, cuando ya en la etapa de edición, no encontraron unas escenas apropiadas para acompañar el bello instrumental “Flying” (que dentro del canon Beatle cuenta con la particularidad de ser la primera canción  compuesta por Lennon, McCartney, Harrison y Starr), uno de sus colaboradores recurrió a filmaciones que no habían llegado al corte final de la película de Stanley Kubrick, Dr. Strangelove (1964), pasadas por filtros de color (originalmente eran en blanco y negro).

Probablemente el film resultaba demasiado avant-garde para la conciencia del ciudadano medio británico, especialmente durante una noche de Navidad. Tampoco ayudó que la BBC transmitía aún en blanco y negro, y el estallido de colores, rasgo fundamental de la psicodelia, no pudo apreciarse hasta más tarde, cuando se proyectó en color, como había sido concebida originalmente.

Magical mystery tour constituía un viaje de los Beatles y un disparatado grupo compuesto de un cast de actores seleccionados por ellos mismos (entre ellos Ivor Cutler, famoso poeta y humorista escocés, en el papel de Buster Bloodvessel, y el desopilante sargento interpretado por Victor Spinetti, un viejo conocido del grupo que había actuado en sus películas anteriores), más un grupo de amigos, admiradores y colaboradores, a bordo de un ómnibus multicolor, que recorre la campiña inglesa. El viaje adquiere un tinte lisérgico, pleno de escenas de corte surrealista, entre ellas algunas que incluían luchadores enanos y otras con un numeroso cuerpo de bailarinas. Entre los pasajes que destacan a Los Beatles, sobresale una parte donde aparecen caracterizados de magos, en un laboratorio pleno de probetas humeantes. Ringo, siempre el más histriónico de los cuatro, asume una suerte de protagonismo, teniendo como partenaire a su tía en la ficción, representada por la actriz Jessie Robins. La obesa Tía Jessie también es  el centro de otra escena fellinesca, cuando John le sirve paladas de espagueti.

Completaban el panorama algunos memorables cuadros musicales. Por ejemplo, la interpretación de “I am the Walrus” que muestra a los Fab en sus mejores atuendos psicodélicos y Lennon detrás de un piano blanco, para luego seguir con los músicos disfrazados de animales y subidos a unos enormes paredones de cemento, y el de “Your mother should know”, donde vestidos con impecables smoking blancos, desarrollan  una coreografía que incluye el descenso por una escalinata. También el cuadro casi naif de Paul que inicia la película, con otra de sus extraordinarias composiciones, “The fool on the hill”, y el de George Harrison envuelto en una nube de humo,  multiplicado por obra y gracia del lente de la cámara, tocando sobre un teclado dibujado, complementando a la perfección  el clima hipnótico de ensoñación y viaje de la única canción que aporta al proyecto, “Blue Jay Way”.

De la misma manera, podría decirse que es un gran acierto de la aparición del único número musical extra-Beatle, a cargo de un grupo denominado Bonzo Dog Doo-Dah Band, liderado por el cantante Vivian Stanshall, quienes fueron invitados por Paul, que solía frecuentar los ámbitos más exclusivos y vanguardistas del Swinging London. Los Bonzos eran un típico producto de estudiantes salidos de la Escuela de Arte, cuya mezcla de music hall, jazz tradicional, humor surrealista, arte avant-garde y toques de psicodelia, encajaba a la perfección con el espíritu del film (lo de doo-dah era una deformación de Dadá, el anárquico movimiento artístico europeo de comienzos del siglo XX). Su interpretación del tema “Death Cab for Cutie”, acompañados por la danza de una stripper, entusiastamente aplaudidos por un público que incluye a unos eufóricos John y George, es otro momento inolvidable.

Musicalmente, los Beatles seguían en la cima del mundo. Cada uno de los seis temas nuevos que aparecen en el film, muestran una imaginación y creatividad que no daba muestras de decaer. Incluyendo la canción homónima que abre el disco y el film, una de esas fanfarrias con banda de vientos y Paul en un espléndido despliegue vocal, que bien podría ser una continuación de “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, a la que también le cabía el papel de abrir el álbum anterior.

La psicodelia, especialmente la británica, siempre estuvo revestida de un tinte nostálgico, que incursiona con frecuencia en los recuerdos de la infancia, en donde abrevan muchas de las composiciones del período (“Strawberry Fields”, “Penny Lane”, “Blue Jay Way”, son sólo algunos ejemplos), teñidos por las visiones del LSD. De hecho, la idea del “tour” proviene de unas excursiones que hacían de niños, donde se subían a un bus en Liverpool con destino desconocido (solían terminar en algún punto de la campiña contemplando las luces de Blackpool, una localidad vecina), para luego emprender la vuelta, lo que excitaba las imaginaciones infantiles.

Pero en Magical mystery tour esas visiones adquieren un carácter particularmente melancólico, casi como si anticiparan el fin de ese período, capturándolos entre el espíritu utópico del sueño hippie y el brusco descenso a la tierra que sobrevendría en los años siguientes. Ya en 1968, los Beatles editan el “álbum blanco” (el verdadero título es simplemente The Beatles ), cuya portada plenamente blanca denota una visión diametralmente opuesta a las tapas multicolor de sus predecesores. Los temas, compuestos en forma individual por cada uno de ellos, utilizando a los otros músicos prácticamente como sesionistas, representaban un modus operandi radicalmente diferente al espíritu colectivo de la Gira Mágica y Misteriosa. Igualmente genial, ya que el “White Album” es otra obra maestra, que anticipaba muchos de los rumbos que iba a tomar la música en la década del 70.

Pero por un breve momento de la historia, en 1967, hace 50 años, todos creímos que podíamos subirnos a ese bus mágico y surreal y formar parte de ese mundo mejor imaginado por Los Beatles, comandantes de la utopía planetaria. Como bien lo expresa McCartney en las entrevistas rodadas con motivo de la reedición restaurada del film en 2012 –exhibiendo una sonrisa que implica múltiples sobreentendidos–, “lo que van a ver es un producto de nuestras imaginaciones. Y créanme, en ese momento, eran realmente vívidas”.